Es la primera vez que utilizo mi página personal para hablar de temas que no tienen que ver con mi trabajo o con el trabajo de mis amigos y el de la gente que quiero y admiro. Si nos ponemos, realmente hay muchas cosas de las que se debería hablar –demasiadas– pero tengo que reconocer que a veces uno se siente más atraído por leer la opinión de los demás debido principalmente a la falta de tiempo, a mis limitadas dotes literarias o simplemente a la pereza.
Pero hoy se ha colmado el vaso de mi paciencia y de mi indignación tras tiempo inmemorial de soportar estoicamente esa despreciable práctica comercial de las llamadas a tu propia casa, casi siempre a horas estratégicas en que seguro que te pillan, saliendo de la ducha o comiendo, aunque evidentemente les da igual si por un casual estás echando un polvo o en ese momento en tu casa tiene lugar un drama familiar.
Digo que hoy se ha colmado el vaso porque he recibido una llamada a las 15:30, de ésas que empiezan con "Buenas tardes, mi nombre es Fulanita de Tal, llamo de Cruz Roja, ¿con quién tengo la amabilidad de hablar?". Aquí hay que distinguir entre las llamadas que preguntan por tu nombre, aunque lo lean mal y lo pronuncien peor, y las que sencillamente no tienen ni idea de a quién llaman y con las que desvelan fatalmente sus siniestras intenciones.
Pero el colmo de los colmos ha ocurrido cuando, tras excusarme diciendo que estaba comiendo y que ésas no eran horas de llamar, toda la impostada amabilidad de esa señorita, que, insisto, hablaba en nombre de la Cruz Roja, se ha esfumado de golpe y me ha colgado el teléfono no sin antes llamarme "cabrón de mierda".
Es lamentable la mala pata de esa mercenaria telefonista y más todavía que le haya tocado pagar el pato a Cruz Roja y no a Telefónica, Vodaphone, Tele 2 y un interminable nombre de empresas que ni recuerdo ni falta que me hace, que martillean diariamente, sin compasión, sin decencia y sin escrúpulos el sacrosanto templo de tu intimidad. Pero hasta hoy todavía no se habían pasado tanto. Y que conste que a mí la Cruz Roja me merece todos los respetos ya que hasta donde son soportables las contradicciones que todos arrastramos en nuestro "acomodado" primer mundo, tengo la conciencia razonablemente sensibilizada en cuanto a mi compromiso y solidaridad contra toda clase de tragedias e injusticias humanas y medioambientales.
Hay que decir que este tipo de llamadas, que ocultan siempre su número para protegerse como cobardes de posibles contraofensivas, se reciben a través de los aparatos fijos y no de los móviles. Ésos ya se encargan de machacarnos con otro tipo de basura, pero al menos suele llegar escrita. Las que ahora me ocupan echan mano de esos datos protegidos por la famosa "política de confidencialidad" y que a la hora de la verdad debe circular con total impunidad por todas las agencias de marketing del mundo y para quienes no somos más que ese trocito de pastel que se disputan entre ellas como buitres.
¿Qué clase de defensa tenemos contra esa práctica infame? Ni siquiera apelaré a su "inconstitucionalidad", supuesta arma legal tan sobada como inútil que apenas se aguanta ya como latiguillo retórico.
El problema es que, sin comerlo ni beberlo, uno se encuentra de golpe, pongamos por caso en lo mejor de la siesta, lidiando con una situación de lo más surrealista con alguien que se acaba de meter en tu casa sin pedir permiso (al menos el correo comercial no pasa del buzón de la portería), que te pide tu nombre (se cree que dándote el suyo, que me importa un rábano, ya tienes la obligación de ser amable), dedicarle un nada despreciable tiempo escuchando su soporífera oferta, que de tantas veces repetida suena a letanía indescifrable por la cantidad de datos que suelta a una velocidad de vértigo pero que no obstante exige toda tu concentración puesto que al final te va a preguntar si te interesa. Y no se te ocurra decir que "no" porque entonces el examen se vuelve más duro y exigente. De nada te sirve que le digas que la sopa ya se ha enfriado. La agresividad de la señorita aumenta a medida que presiente que tú tampoco vas a picar y que tus modales empiezan a desfallecer. Y es entonces cuando ella solita intercambia hábilmente los papeles y pasa a interpretar el papel de víctima, momento cumbre del surrealismo y que, en tal día como hoy, ha terminado insultándome.
Me pregunto hasta qué punto son rentables estas estrategias. Me pregunto de qué les sirve engordar una lista de ciudadanos cabreados que, como yo, por el sólo hecho de haber sido avasallados de esta manera ya les he puesto en mi particular lista negra de indeseables.
Hace menos de un año tuve ocasión de compartir unas horas en compañía de Rafael Azcona con motivo de la entrega de premios de la Cartelera Turia, donde recibió un merecido homenaje por su brillante carrera como guionista.
Ahora, aquellos momentos adquieren un valor especial porque se convierten en la única ocasión que he tenido en la vida para expresarle mi profunda admiración, y también para agradecerle la apasionada defensa que hizo de "Salvador" como Presidente del Jurado de los Premios Ondas, exigiendo que nos fuese otorgado como "el acontecimiento cinematográfico del año" bajo la amenaza de dimitir si no era reconocida como tal. Su muerte, inevitable como todas, deja huérfano a éste país de un auténtico maestro en el oficio de escribir para la pantalla historias y personajes inolvidables a través de los cuales ha retratado con humor agridulce esa España esperpéntica que todavía hoy nos sigue helando el corazón.

Nunca sabremos a ciencia cierta quién es el verdadero padre de "2001". Tomando como punto de partida un breve relato titulado "The Sentinel", Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick se encerraron unos meses del año 1965 en el Chelsea Hotel de Nueva York para concebir una de las obras cumbres no sólo del cine sino de todo el arte del siglo XX. Dos talentos visionarios unían sus fuerzas con imaginación y rigor científico a partes iguales y de aquella unión salieron una película y, después, otro libro. Clarke contribuyó decisivamente en la creación de la obra cinematográfica, pero Kubrick también podía firmar perfectamente una novela que, contra a lo que es habitual, se basaba en el filme.
El argumento en cuestión plantea la hipótesis según la cual la especie humana evoluciona gracias al camino que le marca una inteligencia superior. Con esta premisa en la que se funden discursos y pensamientos científicos, filosóficos y religiosos, no es de extrañar que "2001" se convirtiera en una de las obras más visceralmente idolatradas de la historia del cine, al mismo tiempo que era repudiada o incomprendida por innumerables espectadores que no cesan de preguntarse, aún hoy, sobre el significado del famoso monolito.
Quiero pensar que Kubrick y Clarke están ahora más cerca que nunca de las estrellas y de las respuestas que buscaron, al igual que buscamos todos nosotros.
(artículo publicado el 20 de marzo de 2008 en ’La Vanguardia’ a raíz de la muerte de Arthur C. Clarke)
Entre Juani y Juani, Bigas Luna está llevando a cabo una particular cruzada cargada de razón: los creadores audiovisuales no vemos un duro de las descargas piratas y sin embargo los operadores de telefonía se están forrando a base cobrar peaje por las incalculables horas que la peña se pasa bajándose pelis.
Bigas reclama un legítimo porcentaje de ésos beneficios que, de paso, pueden suponer un aliciente de financiación en el sombrío panorama audiovisual. "La Edad Media de la Era Digital" es el título del breve pero muy directo texto con el que Bigas ha abierto un blog donde se pueden recoger opiniones y sugerencias a esta propuesta.
Pero lo que de verdad le gusta a Bigas Luna es su huerto. Instalado de forma permanente en su casa del campo de Tarragona, Bigas ha encontrado algo parecido al Nirvana, alimentándose de su propia cosecha, de su propio pan y de su propio vino. Ha hecho un pacto con la Tierra, con la vida, y va en camino de convertirse en un hombre del futuro, "agrotecnológico", lejos de la urbe pero sin renunciar a cualquier artilugio que nos haga la vida más fácil, cómoda y limpia.

Es sabido que algunos directores de cine trabajan asiduamente en la publicidad (Isabel Coixet y Víctor Erice en nuestro país) o incluso vienen de ella (Ridley Scott es uno de los más célebres ejemplos), mientras que otros lo hacen muy esporádicamente, como Bigas Luna, David Lynch o Woody Allen, por poner algunos ejemplos.
Acabo de ver el insólito y magnífico ejercicio de estilo que Martin Scorsese ha realizado para la campaña de Navidad de Freixenet. En realidad no se trata de un spot convencional. La famosa marca de vino espumoso he dado un salto cualitativo importante y por primera vez no vamos a ver burbujeantes chicas dentro de copas de cava ceñidas en sugerentes lentejuelas. Esta vez, lo que veremos por televisión es el trailer de una película de diez minutos que se proyectará en multitud de salas de cine. Un exquisito cortometraje en el que Scorsese lleva a cabo un homenaje en toda regla a Alfred Hitchcock (y de paso a Bernard Hermann). Algo así como una síntesis que concentra en estilo y referentes toda la obra del maestro inglés, sumando, claro está, el talento del genio neoyorquino. Algo realmente digno de ver, brillante y divertido y que al mismo tiempo no deja de ser un ingenioso anuncio comercial.
Por razones obvias no voy a desvelar mucho más puesto que en todo ello también hay un inevitable suspense. Sirva de aperitivo este fotograma de muestra y brindemos por tan buena iniciativa.

Actualización (28/11/2007): Scorsesefilmfreixenet.com
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