Brutal Ardour

Brutal Ardour

1978 | 30 min | B/N | S-8 mm

Festivales:

  • III International Avant Garde Film Festival de Londres
  • XI Biennale de Paris
  • Il Gergo Inquietto: Nuovi Aspetti del Cinema Sperimentale Europeo de Génova
  • Altro Cinema Europeo de Roma y Milán
  • XVI Bienal de Sao Paulo
  • "Cinema d'Avant Garde en Espagne (1920-1981)", retrospectiva llevada a cabo en el Centre Georges Pompidou de Paris

Ficha técnica:

dirección
Manuel Huerga

fotografía
Ivo Antonov

operadores
Ivo Antonov
Manuel Huerga

música
Brian Eno
Johann Pachelbell

foto-fija
Luis Serra

reparto
Eulàlia Bes
Jorge Juan
Barbara de Lemus

Cortometraje experimental de Manuel Huerga con Eulàlia Bes, Jorge Juan, Barbara de Lemus y la música de Brian Eno.

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Sobre el proyecto

por Manuel Huerga | marzo 2005

El propósito del film era rodar una anécdota -una historia de amor más o menos banal- ambientada en un contexto que tuviese algo que ver con mi interés por un determinado tipo de pintura -prerrafaleista, en éste caso-, para transformarla en algo totalmente irreconocible mediante una prolongación exagerada de su tiempo original. Esto significaba entrar literalmente en la película para perderse en sus dimensiones, multiplicando los fotogramas, ampliando detalles hasta llegar a la pura textura. Creo que Brian Eno tenía algo parecido en mente cuando sostenía infinitamente las notas del 'Canon' de Pachelbell. Al menos la idea la saqué de ese disco.

Originalmente rodamos con película reversible de 16 mm (Eastmancolor TV) y durante casi un año estuve refilmando todo ese material en Super8 mm con una moviola para visionado de microfilmes. Estas moviolas carecían de cruz de malta de manera que las imágenes se deslizaban sobre la pantalla sin la ilusión del movimiento de los 24 fotogramas por segundo. Esto me permitía explorar la misma esencia del cine.

Una de las anécdotas curiosas de este rodaje fue la localización. En la parte alta de Barcelona había un impresionante edificio abandonado de estilo neogótico que, por lo que pude averiguar, había sido una residencia de ancianos. Creo que fue mi amigo, el pintor Jordi Saladrigas, vecino de aquellos barrios, quien me habló de él. Para rodar tuvimos que abrirnos paso entre las grietas de sus muros y por la maleza que ya había medrado por todas partes, instalándonos en medio de toda clase de escombros y olores pestilentes. Su terrible degradación contrastaba con la grandeza del impostado estilo arquitectónico tan frecuente a principios del siglo XX, perfecto en todo caso para mi experimento simbolista: una especie de Manderley catalán que muy poco tiempo después quedó definitivamente convertido en ruinas. La ironía hizo que en aquel solar se construyera a continuación uno de los gimnasios más modernos y sibaritas de la ciudad: el Arsenal.

Imágenes

Selección en Flickr

Brutal Ardour

por Albert Ullibarri | 11 mayo 1979

Chico conoce chica (o viceversa) y previsiblemente se enamoran para seguir los cánones de la convención más estricta. El argumento no tiene salvación; en realidad el argumento ni siquiera se molesta en existir, porque la película que estamos contemplando no se dirige a nosotros sino a nuestros sentidos. En cierto modo, algún día, los ojos y las orejas agradecerán ésta diferencia. De momento deben conformarse con ésta excepción mientras esperan tiempos mejores. Los sentidos son olvidados con demasiada frecuencia cuando se trata de hacer una película y nosotros mismos nos acostumbramos a hacer lo mismo cuando asumimos el papel de espectadores. ¿Por qué este menosprecio hacia nuestras vías principales de percepción? Es posible que no nos importen los medios y sólo deseamos saber el fin: el chico se casa con la chica, o se asesinan mutuamente, el mensaje, the end. Funcionamos de una manera pre-establecida que admite pocas variaciones y nos cuesta salir del camino asfaltado.

Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, llega un regalo. En este caso se titula 'Brutal Ardour' y no llega con ningún ánimo reivindicativo como podría desprenderse del párrafo anterior. Es simplemente una cuestión de sensibilidad, la de Manuel Huerga, para ser más exactos. El proceso de creación se vuelve excitante por momentos. En principio se ha partido, como siempre, de unas imágenes. Ésta vez proceden de una estética prerrafaelista evitando caer en el cromo de una forma tan milagrosa como lograda. El autor, fascinado desde el principio por su modelo estético, se va dejando fascinar más y más por sus propias imágenes hasta llegar a la pulverización de la historia (y la utilización de éste verbo no es casual porque también se adecua a la textura de la fotografía). El proceso prosigue entonces un camino de deconstrucción, ampliación y repetición siempre al servicio del ojo. Así se articula la melodía dorada, como si toda la pantalla estuviese cubierta de un polvo de oro que da la unidad visual de la película, alterada ligeramente por algún resplandor azul. El humo desfigura los rostros, la lentitud deshace el movimiento, para que cada instante se vuelva preciso y único. Todo se desvanece y engaña, pero el mundo melancólico y enfermizo permanece visible. Y de vez en cuando, un fundido a negro; la visión existe a partir de la oscuridad.

Y al mismo tiempo está la banda sonora que, aunque sea el motor del film, recorre un camino independiente y paralelo no supeditado a la imagen. La combinación del sonido y de la imagen crea una interrelación compleja y aleatoria que no es posible percibir en un solo visionado. Pero éste es, precisamente, uno de los méritos de 'Brutal Ardour' que, como las buenas canciones, necesita infinitas audiciones para ser comprendidas, y aun así cada vez ofrecen nuevas posibilidades.

Se acaba el sueño y la magia. Al final de la película, un ojo mira tu ojo, y a través de la pantalla se reconocen hermanos en el placer interminable de mirar.

 

Cinéma Experimental

por Dominique Noguez en 'Le Cinéma Experimental En Europe'
Art Press, spécial 11ème Biennale de Paris | 1980

Les oeuvres les plus exemplaires sont celles qui, sans méconnaître ce qui se fait de plus avance ailleurs, vont plus loin par l'effet de leur propre allant ou d'une rigueur supplémentaire: Tels les grands films de Werner Nekes ou de Bastian Cleve, en Allemagne; tel 'Brutal Ardour' (1979) du jeune catalan Manuel Huerga, qui fait subir à son image un traitement (refilmage et dilatation du temps) voisin de celui d'un Ken Jacobs dans 'Tom, Tom, The Piper's Son' (1969) ou de celui que le musicien Brian Eno réserve au 'Canon' de Pachelbell, mais glisse dans les mailles de cet apparent film formel le plein sidérant d'un récit de passion mortelle...

 

Música

Three variations on the Canon in D Major by Johann Pachelbell

'Three variations on the Canon in D Major by Johann Pachelbell' de Brian Eno, extraído del disco 'Discret Music' (Obscure Records)

'Canon in D Major' de Johann Pachelbell

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