03/11/1997
por J. M. Baget Herms en "La Vanguardia"
Una de las novedades más estimulantes de la temporada ha sido, sin duda, la remodelación de Barcelona Televisó (BTV), la televisión local para una audiencia potencial de más de dos millones de espectadores. Este dato estadístico pone de relieve por sí mismo la atipicidad y hasta la contradicción de cualquier proyecto de emisora local de titularidad municipal según los cánones tradicionales, y como consecuencia, la necesidad de buscar fórmulas imaginativas sin perder, no obstante, algunas señas de identidad imprescindibles, como la presencia de las emisoras de barrio que aseguran la descentralización informativa.
Manuel Huerga, que no se arruga ante los desafíos, ha sido el encargado de diseñar la nueva imagen de BTV y de ahí ha surgido este ambicioso proyecto que entronca con algunos viejos mitos de la televisión autogestionaria y participativa que fracasaron en su día y hoy son posibles gracias a la tecnología de punta. Son los ciudadanos, individualmente o en pequeños grupos, quienes hacen realmente BTV por medio de espacios muy breves (las llamadas cápsulas) como si se tratara de un gran supermercado de imágenes. Una televisión de la que la ciudad es su único plató. Las noches de BTV ofrecen asimismo motivos de interés con la progresiva incorporación de veladas temáticas. Sin embargo, desde perspectivas estilísticas muy diversas. Y para acabar el día escuchamos el sermón laico, y a veces hasta irreverente de Carles Flavià en "Qualsevol Nit Pots Sortir Sol", que sabe mucho del tema y se encarga de ponernos la pilas en vez de serenarnos el alma como hacían en antaño los rapsodas de TVE.
BTV no es una fórmula acabada en sí misma, sino un proyecto en marcha que conviene seguir con atención, ya que ha convertido a Barcelona en una ciudad piloto en materia audiovisual. Somos testigos y protagonistas de una reinterpretación de las funciones de la televisión local en este fin de milenio donde el acceso de los usuarios a las cadenas generalistas sólo pasa por la vía de la de la confesión escandalosa o la frase más chusca en las encuestas callejeras.