Extraída del catálogo del Pabellón de España de la Expo Zaragoza 2008
Por un lado hay que decir que ha sido un gran desafío técnico. Hemos trabajado con tecnología de última generación, tanto en la imagen como en el sonido y siempre existe el riesgo de verse desbordado dadas las infinitas posibilidades que ofrece. Pero una vez se logran controlar estas herramientas tan sofisticadas, el verdadero reto consiste, como siempre, en conseguir transmitir al espectador una idea y, sobretodo, que esa idea sea lo suficientemente convincente para que al salir de la proyección el espectador haya tomado conciencia de la gravedad de la situación y actúe en consecuencia.
No sólo debe ser posible sino que es necesario. Vivimos en una sociedad que, desgraciadamente, no tiene tiempo para nada y es importante poder llegar al público de una forma clara, directa y concisa. En este sentido, la espectacularidad con la que se presenta "Hijos del agua" permite una inmersión inmediata en el tema cuya rápida comprensión viene dada por el lenguaje utilizado, tanto verbal como visual, que busca la complicidad de todos los espectadores, y muy especialmente la de las nuevas generaciones que son, en definitiva, quienes van a heredar la Tierra.
Por desgracia, la Historia nos demuestra obstinadamente que la especie humana no suele ser ni coherente ni lógica. Nuestra cultura es el resultado de una lucha, a partes muy desiguales, entre ciencia, creatividad, política y creencias religiosas. El hombre siempre ha vivido más preocupado por sí mismo que por su entorno, precisamente por todo aquello que en definitiva es lo que le permite estar vivo y respirar.
El cine es un arma cultural muy poderosa. Miles de millones de personas consumen cine. Muchas más que libros. El cine influye en las costumbres de las personas, en las modas, en sus conocimientos y en sus conciencias. Los creadores de cine somos conscientes de este poder y tenemos la obligación de contribuir a través de nuestro lenguaje a la consecución de un mundo mejor.