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Son & Moon (Diario de un astronauta). Home movie espacial

PDF original | en "Diari del Festival Sitges 2009", traducción Irene Ruata | 7 octubre 2009

Son & Moon

«Perseguir tus sueños es una lección que debes aprender». Esta sentencia, concisa y sabia, es una de las muchas reflexiones que Michael López-Alegría, el primer astronauta nacido en España que ha viajado al espacio, nos regala a lo largo del hipnótico y conmovedor documental "Son & Moon. Diario de un astronauta". Una película estructurada como una carta de amor que López-Alegría dedica a su hijo Nicolino. Y es que, por encima de las fascinantes imágenes que integran esta cinta de bella factura, se plantea un interrogante delicado: ¿vale la pena realizar tus sueños cuando eso comporta sacrificar, por ejemplo, la vida familiar? Las emotivas videoconferencias que mantiene el astronauta (desde el espacio) con su hijo son la crónica de un diálogo afectuoso y vibrante que revela la cara más humana de la «carrera espacial».

En paralelo a la relación padre-hijo que forma el esqueleto del film, "Son & Moon", documental dirigido por el realizador catalán Manuel Huerga (responsable de películas como "Antártida" y "Salvador"), convierte al espectador en testimonio privilegiado del día a día de la vida de los astronautas de la Estación Espacial Internacional. Las tareas a realizar, la investigación, las preocupaciones y las distracciones están filmadas por los mismos astronautas, de manera que la película es, también, una magnífica home movie espacial. Los momentos culminantes se suceden sin parar: López-Alegría hace ejercicio (para desentumecer la musculatura) mientras ve "El Padrino II"; en la teleconferencia con la familia pide que le envíen turrón y fabada al espacio; la Estación Espacial se transforma en una fiesta para celebrar el cumpleaños de Nicolino. La narración en off del astronauta es un prodigio de locuacidad y humildad, y, entre las muchas lecciones que da, destaca una definición insuperable de la sensación de ingravidez: «Es como cuando te ríes, cuesta describirlo pero te sientes bien». Queda claro que en el espacio hay vida inteligente... ¡y sensible!

El astronauta en zapatillas

en "The Daily Avalanche", traducción Irene Ruata | 9 octubre 2009

De pequeño yo no quería ser astronauta, pero tengo entendido que muchos de mis coetáneos sentían una gran admiración por los héroes de la carrera espacial (entonces se la llamaba así, porque realmente se trataba de una carrera entre rusos y americanos). Eran años en los que los pioneros de la astronáutica gozaban de una enorme popularidad y ocupaban las portadas de periódicos y revistas: Iuri Gagarin, John Glenn, Valentina Tereshkova, Buzz Aldrin, Neil Armstrong, e incluso la perrita Laika.

Cuando se llegó a la luna, los vuelos tripulados perdieron parte de su fascinación competitiva; la NASA cambió de prioridades y, en lugar de colonizar nuestro satélite o enviar hombres a Marte, se centró en el desarrollo de su estación espacial, tal y como hicieron los soviéticos. En 1994, las dos estaciones espaciales existentes se unieron y, desde entonces, en el proyecto intervienen 16 países, ocupados en llevar a cabo experimentos sobre la vida en el espacio.

Son & Moon Actualmente, cuando las únicas noticias que recibimos del cosmos son las magníficas fotografías que efectúan aparatos no tripulados, sospecho que pocos niños sueñan con ser astronautas. Yo no me habría dedicado a pensar en estos trabajadores del espacio si no fuera porque anteayer Manuel Huerga nos invitó a Sitges al estreno de su última película, el documental "Son & Moon". No debe sorprender que Manuel, que debe ser una de las personas de este mundo que más veces ha visto "2001" de Kubrick, aceptara de buen grado la posibilidad de montar un film a partir de más de 300 horas de grabaciones proporcionadas por la NASA. Sólo le hacía falta encontrar un hilo conductor que añadiera interés a las tareas más bien rutinarias del día a día de los astronautas, y la solución llegó cuando Michael/Miguel López-Alegría le permitió acceder a las cintas de sus conversaciones privadas con la familia.

La elección de este cosmonauta madrileño, educado en California, como figura central de la película es un verdadero acierto. Presenta una atractiva figura, tan carismática como cosmopolita, ya que su trabajo se divide entre Estados Unidos, Rusia y el espacio exterior, su familia vive en Ginebra, y se le ve cómodo hablando en castellano, inglés, ruso y francés (e incluso diciendo un tópico catalán).

También es una gran idea vertebrar el guión en sus relaciones con su hijo Nico de 6 años. ¿Cómo educas a un hijo cuando tu trabajo de obliga a estar muchos meses al año a miles de kilómetros de casa? Para responder a esta pregunta oiremos en off las reflexiones que hace el propio astronauta y que suenan a una especie de legado que dirige a su hijo, pero también asistiremos a sus videoconferencias periódicas en las que, mientras se explican el uno al otro los incidentes cotidianos, se mezclan escenas de emoción, humor y ternura. Otros familiares intervienen esporádicamente, y cuando aparece la parentela española la escena se tiñe de un surrealismo hilarante.

"Son & Moon", como todo buen documental, te pone en la piel de personas muy alejadas de tu experiencia cotidiana, te descubre los curiosos rituales que preceden un viaje espacial, te hace reflexionar sobre las posibilidades de vivir en un sitio donde no hay arriba y abajo, ni día y noche, donde todo son paredes sin suelo ni techo y donde las actividades más vulgares se han de hacer de manera un poco insólita. Y a la vez, esta rutina en medio de condiciones extraordinarias me ha hecho pensar también un poco en la vida de los camioneros de largas distancias: los muñecos de trapo, las postales, el crucifijo... No me extrañaría que en algún rincón de la estación espacial hubiera una placa con el "Papá, no corras".

Ya sabemos que las imágenes del espacio tienen un ineludible magnetismo, añadamos un montaje brillante y una competente música de Micka Luna, y con la historia humana que he comentado como punto central, Huerga consigue 90 minutos de entretenimiento, de reflexión y de emoción. Mucho más de lo que esperaba encontrarme cuando he entrado en el cine.



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