2008 | 90 min, HDV
por Esteban Linés en "La Vanguardia" | 1 abril 2008
A Jorge Drexler se le dan bien las plazas catalanas. Es cantautor, uruguayo, ganador de Oscar por la canción "Al otro lado del río" y asiduo de los escenarios catalanes. Fue durante la gira que ofreció el pasado otoño por siete ciudades catalanas cuando comenzó a larvarse la posibilidad de registrar en un ambicioso disco la mencionada tournée. Unos meses después, se pone ahora a la venta "Cara B" subtitulado "Cara C" –se incluyen dos temas inéditos y un buen número de covers de Caetano Veloso, Kiko Veneno, Javier Ruibal, Leonard Cohen, Zitarrosa, Marlango o el "Club tonigh’t" de Gossos, interpretado en catalán. Drexler abre este jueves (Palau de la Música, 21 h) de esta forma el Festival de Guitarra de Barcelona.
Este "Cara B" forma parte de un proyecto más ambicioso, incluye un documental sobre su gira, dirigido por Manuel Huerga.
Fueron 140 horas de rodaje y prácticamente está finalizado. La idea es hacer una película que se pueda exhibir. No dejará insensible a nadie, tanto por su montaje como por el empleo de los cromatismos, por ejemplo. Huerga ha hecho un trabajo sobresaliente.
Este concierto cierra una gira de directos inédita en usted.
Estoy a solas en el escenario, pero hay unos técnicos de luces y sonido que funcionan como los miembros de un grupo. Por otra parte, se podrá decir que "Cara B" como disco y espectáculo es lo más genuinamente canción de autor que he hecho, sin embargo, hay una búsqueda de otras sonoridades, entre ellas la de la soledad o la electrónica, que me hacen sentir profundamente satisfecho. El repertorio del concierto puede ser habitual, pero la idea es ofrecer un concierto abierto.
El local tiene gran importancia.
Por supuesto, en esa gira que hicimos la idea era hacernos cada noche con el lugar, intercalar sonidos típicos de ese espacio urbano para llenarlo de vida. En este sentido, el Palau es un marco excepcional aunque sea ya la cuarta vez que tocaré allí. Excepto eso, "Cara B" es un disco en el que las voces no se han manipulado posteriormente de forma digital y exuda naturalidad.
¿A qué se debe el ritmo frenético de su actividad los últimos dos años?
Es cierto, tendría que parar por una simple cuestión de salud mental. Nunca me había pasado esto de sacar, inmediatamente después de editar un disco en estudio, uno en vivo, que es como inspirar dos veces seguidas. Pero me apetecían mucho estos conciertos y la posibilidad de hacer la película. De todos modos a mí me interesa sacar obra nueva cada dos años, porque uno va cambiando y amplía sus fronteras.
También como guitarrista.
Por supuesto. A medida que han pasado los años no he depurado las distintas facetas artísticas sino que me he contaminado; como guitarrista antes era mucho más puro, me dedicaba a la guitarra clásica e instrumental. Pero la pureza -como todos los valores- no tiene para mí un cariz necesariamente positivo. Uno canta lo que vive.
Llama la atención que de este álbum doble más de un tercio de las canciones sean versiones.
Es una de las cosas que más interesan, porque hay una búsqueda consciente por parte mía para encontrar una identidad como intérprete. Hasta ahora prácticamente he trabajado como compositor, pero desde hace un par de años me quiero mover, salir y buscar versiones imprevisibles, una vez conseguidos unos niveles dignos de prestigio y trabajo.
Usted es un defensor del nuevo canon digital.
Lo malo de esta cuestión es que el debate se produjo en plena campaña electoral y la demagogia campó por sus respetos y algunas personas dijeron más de una tontería, como aquel eurodiputado del PP que animaba textualmente a delinquir y bajarse música de la red por las bravas. Yo me reafirmo en que el canon no es un impuesto sino una compensación. Siempre pongo como ejemplo el de una persona que no quiere pagar impuestos para construir carreteras porque él no conduce. En las sociedades democráticas, las ideas y la creación tienen un valor y es lógico que se cobre por ello.